Julio de 1959
La metáfora materna referida a Gorbeia probablemente viene de antiguo, puede que como derivación local de Amalur, la madre-tierra personificada en la diosa suprema Mari. La analogía se justifica por el dominio majestuoso que ejerce sobre el paisaje de toda la Kuadrilla, con ese perfil de contorno suave que a los de la costa que miran al Norte desde Zigoitia les recuerda al lomo de una ballena.
El bardo zeanuritarra Gontzal Mendibil escribió unos bertsos primorosos sobre esta cumbre, que musicó y tituló, precisamente, Ama Gorbeia1. La silueta que nunca envejece, como la describió el poeta, guarda vestigios del trabajo milenario de canteros, leñadores, carboneros, ferrones o pastores. Regala el agua inmaculada de sus entrañas para el suministro vital de pueblos y ciudades; proporciona todavía leña para calentar los hogares en invierno; sirve de posada y sustento a un abanico enorme de especies animales o vegetales; y, por si fuera poco, sopla generosa hacia el Sur la brisa necesaria para refrescar las tardes de verano.
Su legado es tan enorme que se lo disputan desde tiempo inmemorial los paisanos de uno y otro lado que pleitean por derechos de pastos y seles, además de otros recursos. En sus laderas, frondas y recovecos se han refugiado todo tipo de perseguidos, desde partidas carlistas, mendigoizaleak, comandos armados… Hasta salteadores de caminos, como Txomin de Arrieta, que huyó de noche y descalzo, desde Altube, hasta que fue apresado por vecinos de Manurga en una chabola de Azero en 1826, tras haber atracado en el Camino Real a un vecino de Bitoriano2.
Pero Gorbeia, como las diosas de la mitología y las madres cotidianas, tiene un genio que estalla de vez en cuando, a veces caprichosamente y otras como castigo a quien se le arrima sin el debido respeto.
Caminantes que se perdieron en la ventisca y sucumbieron al frío. Montañeros despeñados en grietas de Itxina. Campistas electrocutados por un rayo -como la pareja británica que dejó tres niños huérfanos mientras pernoctaban en Asunkorta-. El chatarrero que reventó en Gonga cuando intentaba recuperar los restos de un obús abandonado en maniobras militares. Todos ellos (y muchos otros) fueron víctimas, más o menos directas, de la cólera del tótem montañoso.
Los abrigos, torcos, simas y cuevas de la montaña también poseen la doble cualidad de refugio para personas o ganado y de riesgo para quienes se aventuran a explorar, por debajo de sus faldas, las oquedades más íntimas de Ama Gorbeia.
Desde que Luis Heintz hiciera las primeras incursiones en Mairuelegorreta3, la actividad espeleológica no ha cesado en Zigoitia. Con mejor o peor fortuna, ha interesado tanto a deportistas expertos como a jóvenes del valle. Incluso la gran gruta ha albergado euskal jaiak masivas como las que, desde los años sesenta del siglo pasado, se han venido celebrando en una espaciosa sala de su interior. Es que, una vez dentro, resulta difícil sustraerse a la belleza y atractivo de formaciones líticas tan monumentales. Hasta los más insensibles sucumben al poder de seducción de las oscuras profundidades telúricas.
Pero más allá de placeres y gozos, también han sido numerosos los sucesos desafortunados que se han producido en Gorbeia en el curso de actividades espeleológicas o en relación con ellas. Desprendimientos de roca, caídas o atrapamientos han venido ocurriendo ocasionalmente, incluso con algún desenlace fatal.
La foto del fondo familiar que acompaña estas líneas se tomó no lejos de la entrada de Mairuelegorreta, el lunes 13 de julio de 1959. Treinta horas antes, un espeleólogo y fotógrafo catalán, Josep Monné Porqueras (1915-1999), resbaló y cayó por una sima de 14 metros, quedando gravemente herido sobre un lecho de agua, a dos kilómetros de la entrada4. Su mal estado y la dificultad técnica que presentaba el rescate, concitaron la movilización solidaria de docenas de espeleólogos. Numerosos zigoitianos hicieron de guías y porteadores para acercar a los forasteros a la entrada de Mairu desde los embalses, mientras vecinas y vecinos de Murua subían provisiones y herramientas para los rescatistas. Algunos paisanos, “calzados con alpargatas” (Luis Herrera en la fotografía), permanecieron horas dentro la cueva con el cura de Gopegi, don Antonio5, que conocía las galerías interiores. Un grupo de guardias civiles de Legutiano se perdió en la noche y, para alumbrarse, utilizaban sus camisas como antorchas; amanecieron cerca de Manurga. Otro grupo de militares acudió con equipos de transmisiones, pero no fueron de gran utilidad. Los mandos, incluso, chocaron con los espeleólogos y sanitarios que lideraban la logística del rescate.
Finalmente, después de 24 horas inmovilizado y otras seis más de complejísima extracción, el herido pudo asomar al exterior de la cueva, con las constantes vitales bajas, pero a salvo. Fue evacuado hasta el Hospital de Santiago de Vitoria-Gasteiz, donde permaneció unos cuantos días hasta su regreso a Sabadell.
La prensa recogía al día siguiente los hechos6, destacando que “…Este accidente ha dado lugar a espléndidos actos de compañerismo. Avisados espeleólogos de las provincias hermanas, en la madrugada del lunes se desplazaron rápidamente de Guipúzcoa, Navarra y de Bilbao, miembros de nuestro G.E.V…” El mismo artículo terminaba con una dosis de moralina: “…Si el accidente ha servido para demostrar la rapidez y preparación de los espeleólogos vascos, también que sea una llamada a la prudencia. Toda precaución es poca, máxime en lugares tan peligrosos.”
Pocos supervivientes quedan de los que se distinguen en la imagen. Uno de ellos, Tomás García de Cortazar, recuerda perfectamente la fecha en que subió con su tío en una camioneta hasta los embalses para vivir de cerca una situación extraordinaria: fue el mismo día en que el mutiko cumplía once años de edad.
NOTAS
1.- La letra completa de Ama Gorbeia se puede visualizar en la página https://www.gontzalmendibil.com/
2.- Merino Zulueta A (2021): Los Granizo y otros bandidos del Gorbea. Edt.: Txertoa, Donostia, pp. 39-46.
3.- Sección de Espeleología de la Sociedad Excursionista Manuel Iradier (SEMI) (1958). Notas sobre la cueva de Mairuelegorreta. Munibe, año IX, 1957:4;197-225. https://www.aranzadi.eus/fileadmin/docs/Munibe/1957197225.pdf Historia de la cueva con un breve resumen de los accidentes que han tenido lugar en su interior.
4.- Gorosabel Larrañaga O (2015). Accidente en Mairuelegorreta 1959. Karaitza, 23, 30–39. http://saguzarrak.blogspot.com/search/label/oier%20gorosabel Relato pormenorizado del suceso y de la complejidad técnica y logística del rescate.
5.- Creemos que este dato del relato de Gorosabel es erróneo; puede que se refiera a D. Cecilio, que ejercía de párroco en Murua en aquella época y era un estupendo deportista y aficionado a la espeleología.
6.- JLM (1959): Fue sacado (sano y salvo) el espeleólogo catalán caído en la cueva de Mairuelegorreta (Gorbea). En: La Gaceta del Norte, Bilbao, 14 de julio de 1959, p. 4. https://liburutegibiltegi.bizkaia.eus/handle/20.500.11938/82367/viewer/331289