«El hallazgo arqueológico más importante de la última década y el más importante del País Vasco»
«El último tesoro de la prehistoria»
«Las pinturas del santuario de Zubialde se encuadran en el Paleolítico Superior, periodo Magdaleniense, situado entre los años 13.000 y 10.000 antes de nuestra era»
«El gran descubrimiento de la pintura rupestre»
«Pinturas únicas…»
«El mamut polícromo de la cueva de Zubialde constituye la primera y única prueba gráfica de la caza de esta especie por los hombres prehistóricos en la Península Ibérica»
«Animales de leyenda»
Son solo algunos de los titulares que la prensa publicó hace 35 años para calificar los hallazgos de Serafín Ruiz, un estudiante de Historia aficionado a la espeleología, tras hacerse públicas las pinturas de la cueva de Zubialde, próximas a los embalses de Gorbeia.
Ignacio Barandiarán, Jesús Altuna y Juan María Apellániz, catedráticos especializados en Paleontología de la Universidad del País Vasco, certificaban la «autenticidad» de las pinturas y las situaban en el periodo Magdaleniense, en el Paleolítico Superior.
En total 73 figuras rupestres: 20 figuras de animales, , 13 huellas de manos, 36 signos abstractos y el resto, manchas inidentificables.
Las pinturas de Zubialde entraban en una categoría de primer nivel, ya que el informe de estos «expertos» destacaba que la representación del mamut y del rinoceronte lanudo (en la portada) eran desconocidas hasta ahora en el área vasca, mientras que el grupo de dibujos integrado por bisontes y el mamut «presenta paralelos estilísticos en las series de pinturas bicromas del gran techo de Altamira y Font de Gaume, mientras que los caballos son fácilmente emparentables con algunos de las cuevas de Ekain o Santimamiñe».
Todo esto iba sucediendo mientras el departamento de Patrimonio Cultural de Diputación Foral de Álava (DFA), dirigido por Amelia Baldeón, se hizo cargo del yacimiento arqueológico e indemnizó con una importante suma de dinero a su «descubridor«.
Enseguida empezaron a aparecer las primeras opiniones discordantes: El semanario The European publicó un reportaje con la sospecha de falsificación de los trazos. El arqueólogo británico de la Universidad de Southampton Peter Ucko afirmaba que «existen varios elementos en estas pinturas que jamás se han visto en el periodo del Paleolítico, los animales parecen estar pintados en perspectiva». Jill Cook, del departamento de Prehistoria del British Museum londinense se refirió en estos términos: «El hallazgo es como encontrar un iglesia rural con un techo pintado como la Capilla Sixtina. Se suponía que mamuts y rinocerontes como los de Zubialde habían desaparecido de la geografía del sur de Europa miles de años antes de la fecha que se les asigna. Además resulta muy fácil reproducir, sólo se necesita un poco de ocre mezclado con agua para los colores rojizos y hematites para los contornos negros; una brocha de pelo de caballo y, por último, libros de los que poder copiar las figuras». La sombra de la sospecha estaba ya presente.
La reacción de los expertos fue, inicialmente, la esperada: «Es una ligereza el enjuciamiento, conozco a Peter Ucko y es un gran polemista» (Jesús Altuna); «la autenticidad de Zubialde es incuestionable» (Ignacio Barandiarán)…
Año y medio después del hallazgo se despejaba por fin la duda. El mismo equipo de expertos formado por Altuna, Apellániz y Barandiarán concluía, después de un profundo estudio, que las pinturas eran falsas. «Sin que pueda excluirse absolutamente que algunos temas fueran antiguos, hay que reconocer que la práctica totalidad de las figuras ha sido manipulada recientemente», afirma el informe definitivo. Se encontraron fragmentos de estropajo. El presidente de la asociación internacional de Arte Rupestre y máxima autoridad mundial en esta disciplina, Jean Clottes, calificó Zubialde como «monumento a la falsificación». Serafín Ruiz fue obligado tras un largo proceso judicial a devolver el dinero que había recibido de DFA.
Se ponía fin a la que estaba llamada a ser la «Capilla Sixtina del arte rupestre» de Zigoitia. Después de más de tres décadas, una pared de hormigón y una puerta metálica guardan este secreto inconfesable.
Las "pinturas rupestres" de Zubialde










