
Estado del trabajo:
Lugar: Montes de Zigotia y Macizo de Gorbeia
Fecha: Desde 2013...
Promueve: Javier Castro (Aranzadi, departamento de Etnografía)
Dirección: Javier Castro Montoya
Colaboraciones: Abadelaueta Elkarte Etnografikoa
Enmarcado en el proyecto Errotarri, plan europeo Atlas Meulières de la Universidad de Grenoble.
Desde el año 2013 Javier Castro, miembro del departamento de Etnografía de Aranzadi Zientzia Elkartea, ha recorrido los montes del macizo Gorbeia dentro del término municipal de Zigoitia para investigar las antiguas canteras moleras, en estrecha colaboración con diversos miembros de Abadelaueta Etnografiko Elkartea que han participado de forma activa en la exploración. Se ha logrado catalogar todo un conjunto de lugares de extracción de muelas de molino en Zigoitia.
En el Parque Natural de Gorbeia se estima que se ha elaborado piedra para molino en un 30% de su superficie, teniendo en cuenta los datos de la investigación, ya finalizada, en la franja de terreno que va desde el monte Oketa hacia el Oderiaga, pasando por Pagazuri, Aratza, Gorbeiagane, Berretin y Burbona, cuyas laderas tienen las formas suaves por el marcado carácter geológico de la piedra arenisca y cuya erosión es muy diferente y más lenta que la de la roca caliza como es el caso de Itzina.
Con la ayuda de la geología y de la toponimia, además de las nuevas tecnologías, se ha podido realizar la investigación, pero lo más importante como en muchas investigaciones etnográficas ha sido la labor de colaboración de los zigoitianos que, sin ser conscientes de la riqueza cultural que estaba oculta en nuestro suelo, hemos participado en la tarea con gran ilusión y de forma altruista.
En el monte han coexistido durante bastante tiempo diversos oficios y cada cual ha dejado su impronta más o menos fijada en el terreno, oficios que se aprovechaban de los recursos naturales, como carboneros, mineros, pastores, madereros, cazadores y los citados canteros. El molero era un oficio muy específico, puesto que debía tener conocimiento concreto del terreno y del uso de las herramientas especiales, para trabajar la dura roca y fabricarla con las medidas adecuadas al ingenio molinero que la solicitaba, que era un cliente muy exigente, puesto que de la buena compostura de la muela dependía el rendimiento del molino y la calidad de la harina fabricada. Una parte del precio de la muela no se cobraba hasta pasado un año de servicio en el molino, a la espera de que no fallase la piedra por algún defecto oculto. Los ingenios molineros han sido causa de continuos conflictos y la documentación que han generado ayuda a comprender los siglos existencia o funcionamiento de cada uno de ellos, pero sin embargo los registros documentales generados por el trabajo en la cantera son parcos en datos, aunque sabemos que los molinos necesitaban de estas como proveedores necesarios, puesto que una muela rota era sinónimo de molino parado, una desgracia que se tenía de resolver a la menor brevedad.
La tipología del trabajo molero ya ha sido estudiada por diversos especialistas. Para localizar las olvidadas canteras es necesario saber ver las huellas que el trabajo ha dejado en el terreno: caminos antiguos, marcas de extracción mediante cuñas, amontonamiento de desechos, etc. La experiencia acumulada en otras áreas ha servido de escuela para poder recuperar tantas zonas en Zigoitia (60). El monte Oketa ha sido una zona de paseo fácil, muy concurrida de montañeros, que ahora podrán descubrir la cantidad de restos del trabajo molero que hay esparcidos por sus laderas y que llevan siglos en mudo silencio. Desde Acosta se escucharía a lo lejos el seco golpeteo de la almádena del acero contra la arenisca, en la cadencia rítmica de unas 30 veces por minuto…
CANTERO MOLERO, UN OFICIO EXTINGUIDO
El trabajo de cantero molero es un oficio que ha dejado poca huella en el territorio por ser en general una explotación de carácter artesanal y que puede llevar cerca de dos siglos sin generar documentación, salvo algunas excepciones, por lo que es muy difícil de rastrear.
Con el recurso de la toponimia se han ido descubriendo zonas donde el oficio dejó huella en el nombre del lugar como son los casos de Kanteratxiker o Peñarrota, que podrían evocar un pasado que pudiera estar relacionado con el trabajo de la piedra, y en estos lugares se han localizado canteras moleras, aunque también podrían haber sido zonas de acarreo de piedras para otras funciones. También se sabe que en varias de estas canteras se han elaborado piedras de sillar o manpostería, o incluso adoquines para suelos u otras piezas específicas como abrevaderos, sarcófagos o claves para edificios. Las muelas localizadas indican una clara y específica dedicación a la elaboración de piedras de molino, pero sin descartar otros aprovechamientos. Los canteros dominaban bien la técnica de elaboración de muelas y disponían de buenas herramientas, y es de suponer que no desperdiciarían la posibilidad de fabricar una u otra pieza de piedra cuando el mercado se lo demandase.
El documento más antiguo sobre el oficio de cantero en esta zona está datado en 1550, rescatado por José Iturrate para la cantera de Azerdoiaga, en Zuia







EL OFICIO
Se sabe por la documentación analizada que los canteros eran artesanos que vivían en los pueblos más cercanos al monte como es el caso de Murua, Manurga u Ondategi.
La mayor parte del trabajo lo ejecutaban en la propia cantera y para ello construían sus propios refugios o chabolas para poder pernoctar durante el tiempo que estaban trabajando en la montaña, refugios que incluso pudieron ser usados por pastores y carboneros, puesto que podrían coincidir en el mismo ámbito espacial.
Se tiene constancia de al menos un contrato «en prácticas» en 1634, según el cual Mateo Sáenz de Maturana, cantero de Manurga, toma a su cargo al joven de Markina Juan Ortiz de Zárate, por un tiempo de 4 años para que le sirva y aprenda el oficio.
Una muela se tardaba en labrar entre 1 y 2 semanas, dependiendo de su tamaño. La medida del diámetro y el espesor se solía expresar en palmos (4 palmos = 1 vara = 83,60 cm).
Antes de colocar las piedras en el molino se tenía que tallar sobre una de las caras de la piedra encimera unos rayones o hendiduras desde el centro hacia el borde exterior para facilitar la evacuación de la harina por la fuerza centrífuga. Estos rayones no se hacán en la cantera sino en el propio molino. Con el uso del molino, estas hendiduras de las muelas se iban desgastando y era necesario volverlas a tallar picando de nuevo la piedra.
Toda la información sobre canteras moleras está extraída del libro «Canteras moleras en el Parque Natural de Gorbeia», de Javier Castro, Esteban Etxebarria, Iñaki García Uribe y Luiso López, editado por la Diputación Foral de Álava en 2021, ISBN: 978-84-7821-985-8