La Noche de San Juan, cada 23 de junio, es una de las festividades más emblemáticas del País Vasco. De origen ancestral, esta celebración está marcada por el fuego, a veces la música y otros rituales que simbolizan la purificación y la renovación. Aunque cada localidad adopta características propias, el elemento troncal en todas ellas es la hoguera, alrededor de la cual se reúnen vecinos y visitantes.
Algunos estudiosos sitúan su origen en una tradición adaptada por el cristianismo con el ajuste de los solsticios de verano e invierno a fechas destacadas del calendario litúrgico (24 de junio, San Juan; y 25 de diciembre, Nacimiento de Jesús).
La festividad tiene su origen en antiguos rituales paganos asociados al solsticio de verano. En estas celebraciones, el fuego era utilizado como elemento purificador, destinado a atraer la buena suerte y alejar los malos espíritus.
El solsticio de verano, el sol ocupa el lugar central y es denominado en algunos lugares como iruzkis sandia que nos da la luz de vida y de muerte: eman zahazu biziko eta hileko argia. Su sentido hierofánico-espiritual está expresado en elementos simbólicos de profunda significación y se celebran ritualmente al comienzo de la época estival. Son el agua, las hierbas y el fuego, indica Satrústegui (1983). El agua es renovadora y cura las enfermedades, regenera espiritualmente. De aquí se deriva la costumbre de andar descalzo por la hierba, cubierta de rocio, la mañana de San Juan o de bañarse en el río al amanecer. Las hierbas tienen gran poder curativo y protector y algunas tienen virtudes especiales como el espino blanco (elorri txuri) que protege de los rayos, el eguzki lore es protector de la casa, del ganado y ahuyenta a las brujas. El fuego se ritualiza la víspera de San Juan en las hogueras donde se quema lo viejo y lo dañino, y son también protectoras de casas, del maíz, del trigo contra todo tipo de enfermedades y plagas (Urbeltz, Yaniz 2004). Ese fuego se simboliza y conserva en el fuego doméstico que se renueva la mañana de San Juan y que permanece encendido todo el año; queda cubierto de ceniza durante la noche y se reaviva por la mañana.
Placer Ugarte, F. (2025). Espiritualidad vasca: la conciencia espiritual de Euskal Herria en su mitología, euskera, identidad. Bilbao. Herria 2000 Eliza.