Desde que la humanidad aprendiera a controlar el fuego, descubrió también las propiedades del carbón. Hay indicios de su utilización en pinturas paleolíticas de hace más de 15000 años. Todavía sin salir de la prehistoria, hace unos 2700 años, cuando se comenzó a utilizar el hierro, el carbón vegetal fue imprescindible para la obtención del metal a partir del mineral, ya que las altas temperaturas requeridas para ello no se podían conseguir quemando madera.

En nuestros montes se ha sacado mucho carbón a juzgar por la cantidad de carboneras que podemos encontrar en las zonas boscosas tanto de Gorbea como de Arrato. En la primera zona se obtenía principalmente de madera de haya, y algo menos de roble, mientras que en Arrato se utilizaba la encina, cuyo carbón era el más apreciado

Jesús Ortiz de Zárate en la carbonera de Letonakorta, junto a la chabola acompañado por Evaristo y Santi

El proceso del carboneo

Recreación de carbonera en Asparrena

Normalmente se trabajaba en cuadrillas, y lo primero que se hacía era instalarse en el “lantegi”, como lo llamaban los navarros, construyendo la chabola que les iba a cobijar el tiempo que fuera necesario hasta cumplir la labor. Se valían de ramas y tepes de césped; dentro, los camastros se rellenaban con helechos.

A continuación venía el trabajo duro de cortar y trocear la leña que podía durar meses. Se cortaba con la tronzadera entre dos personas, o con el hacha, dependiendo del grosor, luego se abrían los troncos con el hacha, o si era necesario, con cuñas y porra. No menos dura era la labor de llevar la madera hasta la carbonera, que había que hacer a mano, ya que las pendientes y otros obstáculos no permitían el uso de animales. Fueron los carboneros principalmente los que desarrollaron la técnica del trasmochado de los árboles, que consistía en podar la rama principal a un par de metros de altura, facilitando que se desarrollen ramas laterales. Estas ramas son las que se aprovechaban, y eran cortadas cada 20 años más o menos. De esta manera se multiplicaba la producción de madera, se prolongaba la vida del árbol, y permitía el aprovechamiento del pasto periódicamente. En Zigoitia tenemos magníficos ejemplares trasmochos de roble y haya con forma de “candelabro”, que tienen un futuro incierto al haber sido interrumpido el proceso de poda hace ya más de 60 años.

La preparación de la plataforma o “plaza” requería también una cierta experiencia. Debía estar perfectamente horizontal; para ello se quitaba tierra de la parte alta y en la más baja a veces había que construir un muro de piedra. La base era de tierra, y si era quemada de otra carbonera anterior, mejor. El diámetro varía con la cantidad de leña que se iba a poner, normalmente unas seis toneladas, aunque a veces se llegaron a hacer de hasta 30 toneladas; el carbón resultante venía a ser la cuarta parte en peso.

Las carboneras que vemos en Arrato o en Gorbea tienen un diámetro de unos diez metros, y a su alrededor se iban amontonando las leñas cortadas. Una vez terminado el trabajo de cortar la madera venía el de armar la “txondorra”. Lo primero era clavar una estaca en medio, que va a dar lugar a la chimenea central, y a su alrededor se van colocando los troncos en vertical, los más gordos en la parte de abajo, y los más delgados arriba. Se colocaban de manera que no quedaran huecos entre ellos. Cuando se acababa de amontonar la leña, se cubría todo con una capa de hojarasca o helecho, y ésta, por encima, con otra de tierra, dejando libre la chimenea central.

Encendido: comienza la cocción de la madera

La carbonera se encendía por este hueco, llenándolo de astillas finas con brasas encendidas. Cuando el fuego empezaba a salir hacia fuera, se tapaba la chimenea con una chapa, para evitar la entrada de aire; cortando así la combustión comenzaba el proceso de carbonización o “cocción” de la madera. Esta era la fase más delicada, que exigía una vigilancia constante, ya que cualquier descuido podía estropear todo el trabajo anterior. Se hacían unos respiraderos laterales por los que salía el humo, pequeños, porque si entraba oxígeno y empezaba a arder, se perdía todo, y si no respiraba lo suficiente el proceso no se completaba y también se perdía.

A medida que la madera iba cociendo disminuía el volumen de ésta, provocando que quedaran huecos que había que rellenar inmediatamente con astillas, labor que llamaban dar “betagarri”, no exenta de cierto peligro, ya que dentro se alcanzan temperaturas de hasta 700 grados. Después de 10 o 15 días, el color azulado del humo y su olor indican al carbonero que el carbón ya está listo, empezando la labor de enfriamiento que duraba otros 5 días. Una vez frío el carbón se metía en sacos de 30 o 40 kilos, y se bajaba para ser vendido.

Sección de carbonera en el monte Santiago

El carboneo en Zigoitia

En los tiempos en que funcionaban las ferrerías y fraguas en Euskalherria hubo de regularse la producción de carbón ya que la pervivencia de los bosques estuvo en peligro. En los tres territorios se prohibía vender carbón fuera de la provincia. En este sentido las ordenanzas de la Hermandad de Zigoitia de 1609 obligan a pedir licencia para hacer carbón y que “se señale la parte y sitio en el que lo aga, que sea donde con carro no se pueda entrar “.

Entre nuestros vecinos, el trabajo del carboneo fue un complemento de las labores del campo y del ganado, en épocas en las que las tareas agrícolas eran menos pesadas, normalmente en primavera y otoño. Pero también había carboneros profesionales que se movían de un lugar a otro y venían a nuestros montes desde otros lugares.

En Zigoitia las últimas carboneras se encendieron a principios de los años 60. No contamos con el testimonio de nadie que trabajara en ello, pero si el de muchos que conocieron la actividad en el monte. Así en Letona se sacaban a subasta lotes de encina cuando el pueblo tenía previsto algún gasto grande. Los vecinos mayores todavía recuerdan los nombres de los patrones, dos hermanos de Larraona, y los tres carboneros originarios de Ancín que tuvieron el “lantegi” en Iturburu.

Antonio Manzarbeitia, vecino de Murua, se dedicaba a estas labores, pero en vez de trabajar en el monte, lo que hacía era bajar el monte a su casa y hacía la txondorra en la era, o serraba tablas a mano acompañado de su propia mujer.

"Cisco (*) de roble, carbón de encina, van pregonando los carboneros por las esquinas”

(*) Carbón muy menudo, casi polvo, “hecho cisco”, destinado específicamente a los braseros