Las fuentes han sido una constante en la vida de nuestros pueblos, desde los tiempos más remotos hasta nuestros días. Las primeras fuentes permitieron el acceso al agua que ofrece la naturaleza de forma espontánea, para atender las necesidades básicas del hombre y de los animales domésticos. Luego vinieron las primeras fuentes artificiales, construidas en lugares de fácil acceso, y que durante muchos años facilitaron a sus habitantes el agua que necesitaban, sirviendo también como lugar de encuentro y reunión.
El empleo del agua como elemento de composición arquitectónica y urbanística ha estado presente en todas las culturas y la modalidad más común ha sido la fuente. Su evolución es el resultado del uso y del comportamiento del ser humano con el agua.
En tiempos no muy lejanos la fuente era imprescindible en nuestros pueblos. A ellas acudían los vecinos para surtirse del agua que necesitaban para atender sus necesidades. Además, en muchos casos, la fuente estaba acompañada del abrevadero para los animales y del lavadero para hacer la colada, expresión utilizada para lavar la ropa. Este lugar se convertía, por tanto, en el lugar por excelencia de socialización.




























