Como cada 24 de agosto, los vecinos de Manurga celebraron la romería de San Bartolomé en la ermita que lleva su nombre en las inmediaciones del pueblo.
Después de la misa en la ermita, como es tradición, se hizo una procesión alredor de la ermita con la imagen de Santa Marina, procedente de otra ermita ya desaparecida. Parece que esta antigua costumbre se realizaba para quitar el miedo a los niños.
Con posterioridad, se descendió hasta el concejo donde el pueblo ofreció un refrigerio a todos los asistentes.
El “hermano Joan”, escultor y ermitaño en Manurga
A comienzos del siglo XVIII, un enigmático escultor conocido como Hermano Joan decidió retirarse como penitente a la ermita de San Bartolomé. Entre sus obras destacó la talla de Santa Catalina, que originalmente presidía este pequeño templo.
Su partida de defunción, recogida por el investigador Atanasio Vergara, revela que se llamaba Juan Miguel de Piscis, natural de Siracusa (Italia). También conocido como Juan de Nicolai, parece haber llegado como peregrino a Santiago de Compostela, instalándose después en Manurga, donde existía un hospital para pobres y caminantes. Allí permaneció al menos 45 años.
Artesano polifacético —imaginero, carpintero y probablemente albañil— dejó a su muerte, en 1731, varias tallas de santos, muebles y ropas destinadas a los necesitados. Su última voluntad fue ser enterrado humildemente en la sepultura de los pobres en la iglesia de Manurga.
La memoria del Hermano Joan perdura no solo en la ermita que ayudó a conservar, sino también en el recuerdo de un hombre que unió arte, fe y servicio a los más humildes.