Desde lo alto de la torre de la iglesia de Eribe se puede ver una vista impresionante: desde el Gorbea y Anboto hasta los montes de Vitoria y las cumbres de la sierra de La Demanda, y desde Aizkorri-Aratz-Sierra de Andia hasta Oro y las cumbres de Badaia y Sierra Salvada. El valle de Zigoitia a sus pies y la cercanía de Gasteiz, a 17 km, concede a Eribe una posición excepcional.
ERIHEHI – HEREYUE – EREYVE – HEREYDEE – HERIVE – ERIVE – ERIBE
Tiene Eribe muchos nombres documentados que llevan consigo la historia de más de mil años:
Ya por el año 871, aparece ”sub defesa de Erihehi”, la dehesa de Eribe en un documento del monasterio de San Millán de la Cogolla (seguramente apócrifo) por el que Arroncio, su hijo Tello y otros nobles hacen unas donaciones al monasterio de San Vicente de Okoizta.
En 1257 aparece Hereyue o Ereyve, segun las fuentes, en la nómina de los pueblos ordenada en tiempos del obispo de Calahorra Don Jerónimo Aznar, juntamente a Buruaga, Berrikano y otros de la Hermandad de Zigoitia. Poco después, en 1292. “Hereydee” contribuye con 194 maravedíes al cerco de Tarifa, algo más de la mitad de la contribución de otros pueblos cercanos.
La historia de Eribe se ha movido en una economía de autosubsistencia sobre las bases de la agricultura, la ganadería y el aprovechamiento del monte hasta muy entrado el siglo XX. No parece haber sido un pueblo muy próspero. La orografía, la falta de agua y el suelo pedregoso así lo manifiestan, y el número de casas-vecinos ha fluctuado entre los dieciséis vecinos del siglo XVI, los veinticinco del XVIII y los catorce de comienzos del XX. Se puede hacer un cálculo estimado de cinco habitantes por vecino o casa. hasta llegar en el censo de 1982 a tener dos casas habitadas con nueve habitantes. A partir de ese mínimo, la cercanía a Vitoria y la tendencia a vivir en zonas rurales ha llevado a Eribe a tener más casas que nunca en su historia, 33 en 2014. Casi todas están habitadas permanentemente; 55 empadronados más los menores y residentes, si bien nadie vive de la agricultura. Es de reseñar que la expansión de los últimos años se ha producido evitando, en gran manera, los adosados y urbanizaciones.
La pérdida del euskara como lengua habitual en Eribe se puede documentar a comienzos del siglo XX. La nueva población bilingüe, cerca del 20% y la recuperación de la lengua entre las nuevas generaciones abre un camino a la esperanza.
Del urbanismo anterior a 1986, quedan cinco casas reconstruidas, tres han desaparecido y el estado de semiruina amenaza a la última. No hay apenas rastros de la arquitectura tradicional y tan sólo quedan algunos grabados y escudetes como vestigios de los antiguos edificios.
Los servicios comunes han sido pocos y tardíos. El agua corriente llegó en 1977, el alumbrado público, la red de saneamiento y el asfaltado del pueblo entre los años 1997 y el 2000. Nunca ha tenido escuela y la bolera cercana a la iglesia languideció y desapareció con la falta de habitantes. La carretera a Gopegi es de los años cuarenta y el resto de caminos de parcelación se asfaltaron en torno al 2000. La construcción reciente de una zona de juegos, una moderna fuente en la plaza (2012) y la nueva casa de Concejo (2019) aportan nuevos servicios a los vecinos.
Las fiestas se celebran en San Martín (11 de noviembre) y en el Solsticio de verano (24 de junio).
Iglesia de San Martín
Llama la atención su gran tamaño. Edificio de una nave, construido en mampostería y con contrafuertes. La parte más antigua, prerrománica, conserva dos paños de mampostería, la pequeña ventana del pie de la iglesia, en los lados norte y oeste, y una ménsula medieval con rostro humano incrustada en la pared sur. Posteriormente, entre los siglos XIII y XV, y en estilo románico, se amplía la nave en longitud y altura pero sin llegar a las actuales dimensiones. La cabecera de la iglesia y las cubiertas góticas tardías se terminan en el siglo XVI y la torre es posterior, del XVII- XVIII.
Al final de la primera guerra carlista, el año 1838, el general liberal Martín Zurbano, “Varea”, mandó quemar la iglesia, y con ella ardieron todos los archivos que se habían querido ocultar en las bóvedas. Se reconstruyó en los años posteriores, pero el despoblamiento del siglo XX hizo que la iglesia cayera en desuso, hasta el momento en el que peligrando su integridad, el año 2000 se reparó el tejado, muy deteriorado, y se tiraron la casa cural y la sacristía adjuntas que amenazaban ruina.
Elementos de gran interés son los retablos barrocos de los siglos XVII-XVIII. El central, con la figura San Martín a caballo, y los laterales, uno con una Andra Mari románica del siglo XIV, muy interesante, y en el otro un Cristo de marfil, de origen filipino. Tienen también interés la pila bautismal medieval, los restos de una cajonería neoclásica, y algunos bellos ornamentos de finales del XVIII, también de origen filipino.
Alrededores
Existían dos fuentes, a distancia considerable del pueblo, la de Eribe y la de Arbina. La de Eribe, cerca de la regata Ubandi se mantiene limpia aunque con caudal muy irregular y la fuente de Arbina se ha redescubierto y reformado entre los años 2017 y 2021.
Los mayores de Eribe y Berrikano conocieron la ermita compartida de San Roque, derruida en los años cincuenta. A dos kilómetros, en los límites del pueblo, existió un despoblado de nombre Menea con la ermita de San Juan, de la que no queda rastro.
En la misma línea de Menea y la divisoria con el valle de Gorostitza y Elosu se construyó una línea de guerra cuyos restos, búnkeres y trincheras, se pueden apreciar, y que son susceptibles de recuperación y memoria.
A las afueras del pueblo un centro hípico ofrece sus servicios de ocio y conocimiento del medio natural.






