Los pueblos han ido construyendo su identidad a lo largo de la historia, algunos desde la prehistoria como es el caso del Pueblo Vasco/Euskal Herria que ha experimentado una evolución muy diversificada desde remotos tiempos. Con múltiples influencias, sin duda, ha ido afirmando su identidad vasca reconociéndose como pueblo diferente en sus relaciones con otros. Su lengua, sus costumbres, sus tradiciones han ido elaborando la cultura que ha identificado a este pueblo.
Dentro de Euskal Herria se han conformado, con amplia variedad, diversas regiones en sus territorios, desde Iparralde hasta Hegoalde. Cada una con sus peculiaridades, costumbres y rasgos que les ha conferido una específica personalidad. Así ha sido en Zigoitia cuya formación hasta la actualidad ha sido muy larga y se ha tejido de formas diversas en el trascurrir de los siglos. Las huellas de esta evolución se conservan, algunas escondidas en su tierra, otras recordadas en su memoria, también recuperadas o mantenidas en sus costumbres. Abadelaueta Elkarte Etnografikoa es uno de los grupos que está contribuyendo al mantenimiento e investigación de sus raíces, así como al cuidado y defensa de su territorio hoy amenazado por intereses energéticos que atentan contra nuestra tierra y su equilibrio ecológico.
Mi reciente libro Espiritualidad vasca, citado en esta web, trata de mostrar la conciencia que nos hace ser y sentirnos lo que somos, cómo es nuestra identidad, cuál es el espíritu que la ha animado y sigue presente en múltiples y diversas manifestaciones y que en Zigoitia está activo y creativo dentro de su actual pluralidad. Es uno de nuestros rasgos más profundos.
Zigoitia hunde sus raíces en la prehistoria
Los primeros habitantes del territorio que luego, en la Edad Media, se denominó Zigoitia, se remontan, según J. M. de Barandiaran, a la época del Paleolítico cuando, debido a los fríos intensos de las glaciaciones, se veían obligados habitar en cavernas (Arrillor, Mairuelegorreta, Asunkorta…). Los primitivos pobladores en la zona del Gorbea podrían datarse, de forma aproximada, desde hace 150.000 años. Su vida rudimentaria se mantenía con la caza y productos silvestres, dependientes del clima y de las difíciles condiciones de habitabilidad en aquellas remotas épocas. Habitada luego por diversas tribus euskaldunes, se establecieron durante la Edad de Hierro algunos poblados como los caristios en el territorio de la actual Zigoitia; en esta época está datado el castro de Urisolo en la Sierra de Arrato.
Ya en el Neolítico -a partir de hace unos 5000 años- comienza una nueva cultura que desarrolla la agricultura y el pastoreo y domestica animales. Una de las manifestaciones más señaladas y características de aquellos tiempos es su culto a los muertos del que queda una amplia información arqueológica en Euskal Herria. Por ejemplo en el territorio de Zigoitia y zonas montañosas limítrofes se descubrieron interesantes restos, sobre todo funerarios en forma de túmulos, lugares singulares de nuestro entorno y testimonio de nuestra prehistoria.
Las huellas de aquellos tiempos, en su mayor parte, quedaron ocultas en Zigotia entre el Gorbeia y la Sierra de Arrato. Investigaciones arqueológicas en cuevas, bosques, montes, poblados (Urisolo) hablan de la tierra, Ama Lur, en la que y de la que vivían, que nombraban con su toponimia euskerica y donde se relacionaban. Sus formas de vida, totalmente injertadas en la naturaleza, generaron una experiencia espiritual compartida con gentes de otros territorios vascos y también de culturas de otros pueblos, por ejemplo, celtas. Las invasiones romanas tuvieron una importante incidencia cultural, sobre todo en las tierras denominadas como ager vasconun (tierras cultivadas); no así en el saltus vasconum (zonas montañosas). Pero no hicieron desaparecer sus señas de identidad que en el territorio zigoitiano se mantuvieron en las tribus que lo habitaban. Entre sus indicios y muestras destaca la conservación del euskera hablado en Zigoitia hasta la Edad Contemporánea, hoy en proceso de recuperación.
Más adelante con el cultivo de sus tierras, se fue asentando una reducida población en la parte llana de Zigoitia formando pequeños núcleos, germen de los actuales pueblos, con sus cultivos, donde el pastoreo seguía siendo una de sus principales medios de vida. Ya en la Edad Media, Zigoitia, conformada en 17 pueblos, fue parte del Reino de Navarra hasta el siglo XII y luego, invadida por las tropas del rey de Castilla. Se constituyó más tarde en hermandad, que tenía sus propias “Ordenanzas”, con sede en la histórica ermita de Santa Lucía, para después, desde el s. XIX, constituirse en Ayuntamiento de Zigoitia con sede hoy en Bengolarra.
Gentes de Zigoitia: la espiritualidad del pueblo
Zigoitia son sus gentes y su tierra, sus habitantes, sus vecinos y vecinas que aquí han vivido y viven en sus pueblos, manteniendo la peculiar idiosincrasia que los diferencia y relaciona con otras comarcas limítrofes (Zuia, Vitoria-Gasteiz, Arratzua-Ubarrundia, Legutio, Ubidea, Zeanuri), delimitada en Gorbeialdea por sus históricos mojones (mugarriak) y su toponimia, señas también de nuestra identidad, investigados por Abadelaueta.
Cada pueblo de Zigoitia es original y diferente, con su memoria, costumbres, fiestas, unido con los demás en este bello lugar comunicado por antiguos y modernos caminos y, sobre todo, por la relación que siempre ha existido entre sus pueblos y hoy se mantiene y acrecienta. Las gentes de Zigoitia destacan por sus costumbres, sus relaciones entre pueblos, manteniendo lazos de vecindad, donde quienes han venido de otros lugares se han integrado, contribuyendo a la modernización y progreso del municipio.
El sustento para la vida de cada día y su economía de recursos limitados se mantenían y progresaban con el duro trabajo en sus campos para obtener trigo, cebada, cereales, y hortalizas ecológicas con el cultivo de sus cuidadas huertas (baratzak). Con el ganado alimentado en sus bosques, con los rebaños de ovejas que daban leche han producido hasta hoy sus sabrosos quesos y lana que cardaban y que con el lino que hilaban tejían su ropa de abrigo y sus vestidos. Zigoitia vivió de su tierra y en su tierra, de sus costumbres y relaciones endógenas que estaban caracterizadas, a lo largo de la Edad Media, por la religiosidad de la cristiandad, controlada, como el resto de Euskal Herria, por una jerarquía vigilante desde sus parroquias. Pero esto no anulaba manifestaciones de una espiritualidad profunda, ancestral, que se manifestaba en múltiples formas. Indico dos especialmente significativas: las ermitas y las ‘cruces de bendición de campos’ que describo más abajo.
Oficios y trabajos comunales, signos de una espiritualidad
En Zigoitia, como en las demás comarcas alavesas, sus gentes ejercieron oficios muy diversos según las necesidades de su población agrícola y ganadera. Aquellos múltiples oficios –lanbide zaharrak– (carboneros, tejedoras, parteras albañiles, canteros, mieleros, etc.) crearon una amplia y diversificada cultura artesanal (artisautza eta kultura) elaborada de forma manual por personas especializadas.
En Zigoitia sus modalidades fueron muy variadas y reflejaban una cultura autónoma y creativa donde se conjugaban no sólo la utilidad del instrumento fabricado, sino también la forma estética, habilidades técnicas, perfeccionadas con el paso del tiempo, trasmitidas de generación en generación. El pastoreo fue uno de los oficios más importantes; se hacía en común reuniendo las ovejas de la casa que cuidaba un pastor de cada pueblo y conducía a lugares de pasto con sus txabolas (Txabola Mayor de Manurga, Siskiño…). También las canteras moleras aprovechaban las piedras del Oketa. Algunos de estos oficios ancestrales (mielero, quesero, ganadero, agricultor…) se mantienen hoy, no sólo en la memoria y recuerdo de personajes que trabajaron al servicio de la comunidad zigoitiana, sino como modo de vida autóctono.
Eran, sobre todo, oficios personalizados donde, en muchos casos, quienes los practicaban contribuían a las relaciones sociales, encuentros, servicios mutuos colaborativos y solidarios, interdependientes. Estas formas de trabajo establecían un ritmo de vida, en relación con el tiempo del año, sin prisas ni estrés, donde había tiempo para todo, también para la conversación tranquila y el aprendizaje práctico. Era una espiritualidad relacional, comunal.
Por eso la memoria y recuerdo de los oficios es toda una historia cultural de los pueblos de Zigoitia que describe y relata las relaciones sociales y vecinales, su economía local, sus recursos creativos y modos de vida que muestran la identidad zigoitiana, su conciencia de pertenencia a este lugar en el que convivían, conviven y se relacionan con sus nombres y sus casas.
Ama Lur
Además la cultura de los oficios, el cultivo de los campos, los lugares de pastoreo, implicaban también una manera peculiar de relación con el medio ambiente, respetando y aprovechando los recursos naturales del bosque, del agua, de la nieve, almacenada en neveros, del campo y una forma de cultivarlos adecuadamente; también de nombrarlos con su propia toponimia vasca que identifica aquellos lugares, connota toda una historia y cultura y guarda la memoria colectiva de la Ama Lur en la que nacieron nuestros pueblos y en la que han vivido y viven. Nombrar la tierra tiene un profundo sentido de respeto y de reconocimiento de su existencia porque “izena duen guztia omen da”.
En la actualidad las gentes de Zigoitia continúan cuidando sus pueblos, cultivan su estilo propio, fortalecen vínculos de solidaridad con la colaboración de todas las personas, vecinos y vecinas. Recuperan su toponimia. Defienden su tierra, opuestos a instalaciones energéticas que atentan contra su medioambiente. Son la garantía de un progreso creciente de su identidad, fruto de una historia milenaria de duro trabajo, estilos de vida, costumbres compartidas y convivencia social que implica y puede interpretarse, según propongo en mi trabajo, como una espiritualidad desde y en la naturaleza.
El alma, el espíritu de la tierra y de las gentes zigoitiarras
A través de los siglos de la milenaria Zigoitia, se han ido forjando costumbres arraigadas, peculiares modos de vida, estrechas relaciones entre sus habitantes y pueblos en el trabajo de cada día, labrando sus tierras, recorriendo sus montes que les suministraban leña para sus hogares, cuidando sus rebaños, cazando en sus bosques y en los campos abiertos.
El sentimiento de pertenencia a su tierra, Zigoitia, interiorizado en sus conciencias, hizo que se generaran formas de vida y convivencia peculiares que hasta no hace mucho tiempo estuvieron marcadas durante siglos por una dominante religiosidad cristiana.
Destaco sus numerosas ermitas (en torno a 40), la mayor parte hoy desaparecidas; algunas han sido excavadas y restauradas por Abadelaueta: San Juan de Murabe, la Magdalena, San Bittor. Otras se han conservado, como la histórica Sta. Lucía, sede primera de la ‘Hermandad’ de Zigotia, San Pedro de Gorostiza, San Bartolomé en Manurga; también iglesias parroquiales en cada pueblo poseen importante e histórico patrimonio artístico.
Son especialmente reseñables las cruces protectoras en los caminos y en los campos (Upelarro, Aiantegi, Akularrate, Amezua, Sagastiburu, etc.), testimonio de aquella religiosidad popular y de su hondo significado para la vida e identidad zigoitianas y que también rememoran ancestrales creencias prehistóricas de honda espiritualidad ecológica.
Las fiestas de cada pueblo y de las ermitas, los tiempos solsticiales marcaban su calendario que en cada época del año hacían y hacen confluir a vecinos y vecinas en celebraciones, comidas, bailes, juegos, conciertos, convocados con el sonido de la txalaparta, en prolongadas y animadas verbenas para la gente joven, en juego de bolos, en partidos de pelota en su frontón de Bengolarra, en animadas partidas de cartas. Su dinámico club de jubilados es también hoy en Zigoitia lugar de encuentro, relación, diversión, cultura, viajes, para quienes tanto han trabajado en nuestra tierra y han sido y son memoria viva de Zigoitia. En su club comparten su amistad adquirida en tantos años de convivencia mantenida, colaboración solidaria y relación vecinal.
Los txokos de cada pueblo son lugar de encuentro donde los vecinos y vecinas se relacionan, realizan sus reuniones de Juntas Administrativas, celebran cenas y comidas que mantienen vivo su sentido de pertenencia, también en el auzolan o vereda.
En la sociedad zigoitiana y, sobre todo, en sus hogares, la mujer, etxekoandrea, ha sido y es el alma que inspira sus valores y tradiciones más característicos y los trasmite con su presencia, con su trabajo continuo, con su atención cuidadosa, solucionando conflictos, trasmitiendo sentido espiritual, amor a la tierra, al pueblo, a la casa (etxea)…
Estos valores han mantenido viva el alma de Zigoitia, su espiritualidad profunda. No solo son frutos de una época pasada; también son semilla sembrada en su conciencia, en su identidad que revive hoy en las nuevas generaciones y hacen de esta tierra lugar acogedor, amable, abierto, solidario con otros pueblos y comarcas.
Zigoitia es parte de Araba, de Euskal Herria y numerosos signos indican su pasado euskaldun, que hoy se va recuperando y por eso se celebra el Zigoitia euskaraz que rememora sus raíces en danzas ancestrales en Mairuelegorreta, en sus canciones con Mairu Abesbatza, celebra en la euskal meza, afirmando su deseo: Zigotian euskeraz bizi nahi dugu y, por eso, canta:
Euskara dugu gure hizkuntza
Zigoitiko herrietan.
Horregaitikan ume ta gazte
Baita ere nagusiok
Ikasten dugu gure euskara
Euskal Herri maitatzeko
Zigoitia está viviendo en estas últimas décadas una importante y decisiva evolución demográfica, social, económica, cultural, ecológica. Como en otros tiempos de cambio, también hoy mantiene y afianza su identidad heredada y renovada con la colaboración de todos sus habitantes.
Ante la amenaza medioambiental de industrias energéticas, defiende su tierra, su Ama Lur. En las nuevas formas de una sociedad avanzada tecnológicamente recupera y celebra sus tradiciones y costumbres identitarias. En un mundo consumista y globalizado siente su conciencia espiritual, su espiritualidad, su sabiduría.
Sus huellas siguen siendo semillas que fructifican en expresiones nuevas y creativas en niños, jóvenes y mayores que mantienen, afirman y renuevan su identidad, las relacionan en Euskal Herria y contribuyen a construir un mundo solidario de justicia y paz.
Félix Placer Ugarte